LA BANDERA MEXICANA

La festividad del Día de la Bandera Mexicana data de 1937 cuando el General Lázaro Cárdenas la instituyó en conmemoración de la primera jura de la Bandera el 24 de febrero de 1821, cuando Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide (ambos fusilados por los propios mexicanos) proclamaron el «Plan de Iguala» por el que declararon la Independencia de la Nueva España e instituyeron la Bandera Trigarante como el pendón del nuevo país llamado México.

La actual bandera mexicana tiene su origen en esa Bandera Trigarante elaborada conforme al Plan de Iguala, donde las ideas de religión, independencia y unión fueron representadas por los colores blanco, verde y rojo, colocados en franjas diagonales y con una estrella al centro de cada una de ellas. En noviembre de 1821, fue dispuesto por un decreto que la bandera fuera tricolor: verde, blanco y encarnado, con franjas verticales y figurando en el centro la efigie de un águila coronada. Al paso del tiempo, fue conservada la dirección de las franjas, aunque el águila ha cambiado.

En estricto sentido, fue hasta 1983 cuando fue reglamentado el uso de los símbolos patrios y en el decreto publicado el 7 de febrero de 1984, que señala: “La bandera consiste en un rectángulo dividido en tres franjas, verde, blanca y roja, donde en la central contendrá el escudo nacional, con diámetro de tres cuartas partes del ancho de dicha franja, siendo la proporción entre anchura y longitud de la bandera, de cuatro a siete.”

La bandera es izada a toda asta para conmemorar fechas importantes de acontecimientos históricos en la vida nacional y a media asta, en las conmemoraciones luctuosas. En todas las escuelas de los niveles obligatorios, se rinden honores a la bandera todos los lunes, además de las fechas en las que se realiza alguna ceremonia cívica, particularmente el 24 de febrero.

La bandera debe estar a toda asta en las siguientes fechas y conmemoraciones: 21 de enero, natalicio de Ignacio Allende; 5 de febrero, promulgación de las Constituciones de 1857 y 1917; 19 de febrero, Día del Ejército Mexicano; 24 de febrero, Día de la Bandera; 1° de marzo, proclamación del Plan de Ayutla; 15 de marzo, apertura del segundo periodo de sesiones del Congreso de la Unión; 18 de marzo, Expropiación Petrolera; 21 de marzo, natalicio de Benito Juárez; 26 de marzo, promulgación del Plan de Guadalupe; 2 de abril, toma de Puebla en 1867; 1° de mayo, Día del Trabajo; 15 de mayo, Toma de Querétaro por las Fuerzas de la República en 1867; 5 de mayo, victoria sobre el ejército francés en Puebla en 1862; 8 de mayo, natalicio de Miguel Hidalgo y Costilla; 1° de junio, Día de la Marina Nacional; 21 de junio, victoria de las armas nacionales sobre el Imperio al recuperar la capital en 1867; 1° de septiembre, apertura de Sesiones del Congreso de la Unión; 14 de septiembre, Incorporación del Estado de Chiapas, al Pacto Federal; 15 de septiembre, conmemoración del Grito de Independencia; 16 de septiembre, aniversario del inicio de la guerra de Independencia; 27 de septiembre, aniversario de la Consumación de la Independencia; 30 de septiembre, aniversario del nacimiento de Morelos; 12 de octubre, Día de la Raza y aniversario del descubrimiento de América; 23 de octubre, Día Nacional de la Aviación. 24 de octubre, Día de las Naciones Unidas; 30 de octubre, natalicio de Francisco I. Madero; 6 de noviembre, Promulgación del Acta de la Independencia Nacional por el Congreso de Chilpancingo en 1813; 20 de noviembre, inicio de la Revolución Mexicana; 23 de noviembre, Día de la Armada; 29 de diciembre, natalicio de Venustiano Carranza; y diciembre, día en que se clausure el primer periodo de sesiones del Congreso de la Unión.

A media asta en las siguientes fechas y conmemoraciones: 14 de febrero, muerte de Vicente Guerrero; 22 de febrero, muerte de Francisco I. Madero; 28 de febrero, muerte de Cuauhtémoc; 10 de abril, muerte de Emiliano Zapata en 1919; 21 de abril, Aniversario de la gesta heroica de la Defensa de Veracruz; 2 de mayo, Conmemoración de la muerte de los pilotos de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, Escuadrón 201; 21 de mayo, muerte de Venustiano Carranza; 17 de julio, muerte de Álvaro Obregón; 18 de julio, muerte de Benito Juárez; 30 de julio, muerte de Miguel Hidalgo y Costilla; 13 de septiembre, aniversario del sacrificio de los Niños Héroes de Chapultepec; 7 de octubre, muerte de Belisario Domínguez; 22 de diciembre, muerte de Morelos.

MÉXICO Y SU SOBERANÍA

Por: Francisco Velasco Zapata

¿Qué debemos entender por soberanía del Estado mexicano? De acuerdo con la definición clásica de Jean Bodin en su obra “Los seis libros de la República , Soberanía es el «poder absoluto y perpetuo de una República» y soberano es quien tiene el poder de decisión, de dar leyes sin recibirlas de otro, es decir, aquel que no está sujeto a leyes fuera de su jurisdicción. Según Bodin soberano debía ser el monarca, y se caracterizaba dicho poder por ser absoluto, perpetuo, supremo, ilimitado, indivisible e imprescriptible.

En 1762 Jean Jacob Rousseau afirma que el soberano es ahora la colectividad o pueblo y esta da origen al poder del “Estado” enajenando sus derechos en favor de éste. Cada ciudadano es soberano y súbdito al mismo tiempo, ya que contribuye tanto a crear la autoridad y a formar parte de ella. Mediante su voluntad personal da origen a la autoridad y al mismo tiempo se asume súbdito de ella, en cuanto se obliga a obedecerla.

Así, según Rousseau, todos serían libres e iguales, puesto que nadie obedecería o sería mandado por un individuo en específico, sino que sería un sujeto indeterminado, que sería la voluntad general. La voluntad general tiene el poder soberano, es decir, aquella que señala lo correcto, lo verdadero y aquellas minorías deberían acatar de conformidad con lo que dicta la voluntad colectiva.

Por su parte el Abate Sieyès afirmó que la soberanía está radicada en la nación y no en el pueblo, proponiendo con ello que la autoridad no obrara solamente tomando en cuenta el sentimiento mayoritario coyuntural de un pueblo, que podía ser objeto de influencias o pasiones desarticuladoras, sino que además tuviera en cuenta el legado histórico y cultural de esa nación, los valores y principios bajo los cuales se había fundado.

Además el concepto de nación contempla a todos los habitantes de un territorio, sin exclusiones ni discriminaciones. Sieyès indica que los parlamentarios son representantes y no mandatarios, puesto que éstos gozan de autonomía propia una vez que ya han sido electos y ejercen sus cargos mediando una cuota de responsabilidad y objetividad al momento de legislar, en cambio los mandatarios deben realizar lo que su mandante les indica, en este caso, el pueblo.

Después de la Segunda Guerra Mundial el concepto de soberanía popular ha retomado fuerza porque es visto como más cercano al pueblo, el cual, se asume, tiene un grado de cultura cívica y moderación mucho más alto que en el tiempo de la “Revolución Francesa”. Tradicionalmente se ha considerado que son tres los elementos de la soberanía: Territorio, pueblo y poder. Por otro lado, en el Derecho Internacional, la soberanía es un concepto clave, referido al derecho de un Estado para ejercer sus poderes a plenitud.

De acuerdo con el artículo 39 de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo y, por lo menos de acuerdo con la constitución, “todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste.”

Hoy como hace muchas décadas no se daba, hay poderes extranjeros que desde un discurso lleno de odio e ignorancia amenazan con menoscabar nuestra soberanía e ir en contra de nuestro pueblo, es hora que ciudadanos y gobierno hagamos valer que MÉXICO ES UNA NACIÓN SOBERANA que defiende a sus hijos y respeta los derechos humanos de extranjeros. ¿Y usted, cómo ve?

Francisco Velasco Zapata

 

LA OFENSA MÁS GRANDE CONTRA LOS MEXICANOS

En la Basílica de Guadalupe a las 18:00 hrs., del 2 de febrero de 1848, bajo los ojos de la Patrona de los Mexicanos, testigo designado por el ejército estadounidense para presenciar la vergüenza de la derrota e inferioridad de su pueblo, se firmó el “Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre la República Mexicana y los Estados Unidos de América” llamado popularmente Guadalupe-Hidalgo.

Con este tratado México perdió Texas, el territorio entre los ríos Nueces y Bravo, Nuevo México y Alta California (hoy Texas, California, Nuevo México, Nevada, Arizona, Utah, Colorado y parte de Wyoming, Kansas y Oklahoma). Así, quedó reducido el territorio de México a menos de la mitad del que tenía al momento de la consumación de su independencia en 1821 y de una tercera parte del que poseía al iniciar el siglo en 1800.

Los mexicanos que quedaron del otro lado de la nueva frontera, vivieron en adelante como una minoría marginada social y culturalmente, bajo el dominio autoritario y discriminatorio de una mayoría protestante y racista. Serían objeto de hostilidad, vejaciones, abusos y despojos de sus bienes y tierras sin posibilidad real de defensa. Peor suerte tuvieron los hermanos indígenas, cuyo genocidio fue inhumanamente sistemático mediante la guerra o la extinción de sus fuentes alimenticias, como los bisontes que de casi cien millones solamente quedaban 750 en 1890; los pocos indígenas sobrevivientes serán presos en inhóspitos terrenos llamados reservas. Valentín Gómez Farías escribiría a sus hijos: “La venta infame de nuestros hermanos está ya consumada, Nuestro Gobierno, nuestros representantes, nos han cubierto de oprobio y de ignominia.”

La ofensa más grande contra los mexicanos y el trato indigno que les dio el ejército invasor, solamente pudo ser posible ante una desastrosa y en muchos lugares inexistente defensa. Durante la guerra contra los estadounidenses tuvimos siete presidentes, uno de ellos, Paredes, fue encarcelado; seis generales dirigieron el ejército; se cambió la Constitución y la forma de gobierno en plena guerra; estallaron varias revoluciones; sólo 7 de los 19 estados mexicanos contribuyeron con soldados, armamento y dinero a la guerra; y en muchas ciudades, como Puebla, no solamente no hubo defensa, sino que se hostigo al ejército mexicano y se recibió al invasor con flores y vítores.

Aun ante la catastrófica defensa, según señala Brian Hamnett en Historia de México: “Las tres fuerzas de invasión estadounidenses experimentaron considerables bajas… Los Estados Unidos pusieron en el campo 104,556 hombres entre regulares y voluntarios, pero 13,768 murieron… lo que representa la más alta tasa de mortandad de las guerras combatidas por los Estados Unidos en su historia.” Además miles de soldados invasores desertaron o se pasaron a luchar al lado mexicano, hecho solamente explicable por los malos tratos de los oficiales estadounidenses a sus reclutas católicos, quienes al ver las abominaciones del ejército norteamericano contra niños, mujeres, monjas, conventos e iglesias se identificaron con los mexicanos.

Ingenuos y traidores pregonaron la mentira de que había el riesgo de que todo México iba a ser anexado, cuando el mismo General Scott escribió en su diario: “Es necesario…salir de éste país, lo más pronto posible…porque es imposible una ocupación, simplemente no tenemos las fuerzas necesarias, ni capacidad para ocupar éste país.” De enfrentar los invasores una “extraña” y tibia defensa del ejército mexicano, durante la ocupación sufrieron grandes pérdidas por revueltas populares en California, Baja California, Nuevo México y centro del país, y por las guerrillas del Cura Católico Celedonio Domeco Jarauta, Joaquín Rea y los rayados de Veracruz, por citar algunas.

La guerra además de las ganancias económicas incalculables que le produjo a los Estados Unidos, lo hizo una potencia mundial, con un vasto y fértil territorio rico en oro, plata y petróleo; probó la eficacia de su ejército profesional y bien armado, capaz de ganar guerras en el extranjero mediante nuevas estrategias y tácticas como las operaciones combinadas mar-tierra, que utilizará exitosamente en sus siguientes guerras de expansión; y confió en continuar su fe ideológica de su “destino manifiesto” para luego hacerse de Alaska, Hawaii y Filipinas.

Pero también produjo, según algunos pensadores norteamericanos como William Jay: una gran concentración de poder en el ejecutivo y su ejercicio arbitrario, inconstitucional y antidemocrático. «… durante una guerra el Presidente de los Estados Unidos queda relevado de toda restricción constitucional cuando actúe fuera de los límites del país …así la guerra, puede resultar en lo futuro un aliciente irresistible para que ese funcionario hunda al país en la guerra y posponga el retorno de la paz.” Los Estados Unidos se convertirán en la mayor nación militarista de la historia y combatirán muchas guerras tan injustas e inmorales como la mexicana, iniciadas por su presidente y toleradas por sus ciudadanos. De los 45 presidentes de los Estados Unidos solamente dos han cumplido su gobierno en paz. Buscar un enemigo es para ellos una necesidad.

La guerra fue una terrible desilusión para los mexicanos que habían considerado a los Estados Unidos como ejemplo y guía de sistema político republicano; de quien solo se esperaba amistad y ayuda por compartir su ideología, del país de las libertades, únicamente se pudo ver un rostro racista, militarista e imperialista. Sin embargo, México también encontró en Estados Unidos amigos como Abraham Lincoln, quien se opuso con ahínco a la guerra y al despojo.

Hoy, 2 de febrero del 2017, cuando las noticias que genera un nuevo presidente en los Estados Unidos llena de nerviosismo e inseguridad nuestro ambiente, es hora de recordar, que un México unido es tan fuerte y poderoso, que nunca se nos podrá obligar a firmar un tratado en nuestro perjuicio y menos serán testigos de una tibia defensa nuestros padres, hijos y lo más sagrado para nosotros.