SOBRE LA LEY DE SEGURIDAD INTERIOR

Por: Leopoldo Rodríguez Aranda

América Latina tiene una historia terrible de dictaduras militares. En la región los ejércitos han marcado una secuela de riesgos. El tránsito del Estado Policía (militar) al Estado civil democrático no ha sido nada fácil. Las iniciativas que se discuten en el Senado sobre la Ley de Seguridad Interior huelen a ese riesgo inminente de que el sector militar comience por asumir tareas civiles en materia de seguridad, para después pasar a ocupar otras funciones de gobernabilidad que conllevan el riesgo de matar la democracia.

Aunado a lo anterior, que es el riesgo más grave y que pocos se atreven a mencionar, están los problemas serios de diseño institucional que hacen que nuestras áreas de seguridad, en particular el sistema de justicia penal (policías, fiscales/ministerios públicos, jueces y prisiones) tengan una seria deficiencia en las funciones que cumplen y esas fallas se atribuyen principalmente a las policías. Grave error de apreciación. El nudo central está en la subordinación que tienen esas instituciones a los intereses políticos y a los poderes a los que sirven, en particular, a los Poderes ejecutivos. El problema no es que las policías estén infiltradas por la delincuencia organizada o que los Ayuntamientos tengan pocas capacidades para afrontar el tema de la seguridad, el verdadero problema es la incapacidad de nuestra clase política por escapar de la trampa que ellos mismos crearon al unir a la política con la delincuencia organizada, en particular, con los delitos de tráfico (drogas, personas y mercancías).

Y para hacer más complejo el problema está en el asunto de la baja capacidad institucional de nuestras policías, fiscales, jueces y, peor aún, el terrible desempeño que tienen nuestras prisiones en materia de reinserción social. El problema entonces, además del maridaje entre política y delito, está en que el sistema de justicia penal no cumple en forma eficaz y eficiente con sus funciones, no solo porque no tiene las capacidades institucionales, sino también porque no puede hacerlo ya que responde a los intereses de la clase política, sí, esa misma que está coludida con la delincuencia organizada. Y todo ello lo quieren resolver con otorgarle a los militares facultades en materia de seguridad e investigación delictiva. El terreno está puesto para sembrar el veneno que matará la institucionalidad democrática.

 

LA BANDERA MEXICANA

La festividad del Día de la Bandera Mexicana data de 1937 cuando el General Lázaro Cárdenas la instituyó en conmemoración de la primera jura de la Bandera el 24 de febrero de 1821, cuando Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide (ambos fusilados por los propios mexicanos) proclamaron el «Plan de Iguala» por el que declararon la Independencia de la Nueva España e instituyeron la Bandera Trigarante como el pendón del nuevo país llamado México.

La actual bandera mexicana tiene su origen en esa Bandera Trigarante elaborada conforme al Plan de Iguala, donde las ideas de religión, independencia y unión fueron representadas por los colores blanco, verde y rojo, colocados en franjas diagonales y con una estrella al centro de cada una de ellas. En noviembre de 1821, fue dispuesto por un decreto que la bandera fuera tricolor: verde, blanco y encarnado, con franjas verticales y figurando en el centro la efigie de un águila coronada. Al paso del tiempo, fue conservada la dirección de las franjas, aunque el águila ha cambiado.

En estricto sentido, fue hasta 1983 cuando fue reglamentado el uso de los símbolos patrios y en el decreto publicado el 7 de febrero de 1984, que señala: “La bandera consiste en un rectángulo dividido en tres franjas, verde, blanca y roja, donde en la central contendrá el escudo nacional, con diámetro de tres cuartas partes del ancho de dicha franja, siendo la proporción entre anchura y longitud de la bandera, de cuatro a siete.”

La bandera es izada a toda asta para conmemorar fechas importantes de acontecimientos históricos en la vida nacional y a media asta, en las conmemoraciones luctuosas. En todas las escuelas de los niveles obligatorios, se rinden honores a la bandera todos los lunes, además de las fechas en las que se realiza alguna ceremonia cívica, particularmente el 24 de febrero.

La bandera debe estar a toda asta en las siguientes fechas y conmemoraciones: 21 de enero, natalicio de Ignacio Allende; 5 de febrero, promulgación de las Constituciones de 1857 y 1917; 19 de febrero, Día del Ejército Mexicano; 24 de febrero, Día de la Bandera; 1° de marzo, proclamación del Plan de Ayutla; 15 de marzo, apertura del segundo periodo de sesiones del Congreso de la Unión; 18 de marzo, Expropiación Petrolera; 21 de marzo, natalicio de Benito Juárez; 26 de marzo, promulgación del Plan de Guadalupe; 2 de abril, toma de Puebla en 1867; 1° de mayo, Día del Trabajo; 15 de mayo, Toma de Querétaro por las Fuerzas de la República en 1867; 5 de mayo, victoria sobre el ejército francés en Puebla en 1862; 8 de mayo, natalicio de Miguel Hidalgo y Costilla; 1° de junio, Día de la Marina Nacional; 21 de junio, victoria de las armas nacionales sobre el Imperio al recuperar la capital en 1867; 1° de septiembre, apertura de Sesiones del Congreso de la Unión; 14 de septiembre, Incorporación del Estado de Chiapas, al Pacto Federal; 15 de septiembre, conmemoración del Grito de Independencia; 16 de septiembre, aniversario del inicio de la guerra de Independencia; 27 de septiembre, aniversario de la Consumación de la Independencia; 30 de septiembre, aniversario del nacimiento de Morelos; 12 de octubre, Día de la Raza y aniversario del descubrimiento de América; 23 de octubre, Día Nacional de la Aviación. 24 de octubre, Día de las Naciones Unidas; 30 de octubre, natalicio de Francisco I. Madero; 6 de noviembre, Promulgación del Acta de la Independencia Nacional por el Congreso de Chilpancingo en 1813; 20 de noviembre, inicio de la Revolución Mexicana; 23 de noviembre, Día de la Armada; 29 de diciembre, natalicio de Venustiano Carranza; y diciembre, día en que se clausure el primer periodo de sesiones del Congreso de la Unión.

A media asta en las siguientes fechas y conmemoraciones: 14 de febrero, muerte de Vicente Guerrero; 22 de febrero, muerte de Francisco I. Madero; 28 de febrero, muerte de Cuauhtémoc; 10 de abril, muerte de Emiliano Zapata en 1919; 21 de abril, Aniversario de la gesta heroica de la Defensa de Veracruz; 2 de mayo, Conmemoración de la muerte de los pilotos de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, Escuadrón 201; 21 de mayo, muerte de Venustiano Carranza; 17 de julio, muerte de Álvaro Obregón; 18 de julio, muerte de Benito Juárez; 30 de julio, muerte de Miguel Hidalgo y Costilla; 13 de septiembre, aniversario del sacrificio de los Niños Héroes de Chapultepec; 7 de octubre, muerte de Belisario Domínguez; 22 de diciembre, muerte de Morelos.

MÉXICO Y SU SOBERANÍA

Por: Francisco Velasco Zapata

¿Qué debemos entender por soberanía del Estado mexicano? De acuerdo con la definición clásica de Jean Bodin en su obra “Los seis libros de la República , Soberanía es el «poder absoluto y perpetuo de una República» y soberano es quien tiene el poder de decisión, de dar leyes sin recibirlas de otro, es decir, aquel que no está sujeto a leyes fuera de su jurisdicción. Según Bodin soberano debía ser el monarca, y se caracterizaba dicho poder por ser absoluto, perpetuo, supremo, ilimitado, indivisible e imprescriptible.

En 1762 Jean Jacob Rousseau afirma que el soberano es ahora la colectividad o pueblo y esta da origen al poder del “Estado” enajenando sus derechos en favor de éste. Cada ciudadano es soberano y súbdito al mismo tiempo, ya que contribuye tanto a crear la autoridad y a formar parte de ella. Mediante su voluntad personal da origen a la autoridad y al mismo tiempo se asume súbdito de ella, en cuanto se obliga a obedecerla.

Así, según Rousseau, todos serían libres e iguales, puesto que nadie obedecería o sería mandado por un individuo en específico, sino que sería un sujeto indeterminado, que sería la voluntad general. La voluntad general tiene el poder soberano, es decir, aquella que señala lo correcto, lo verdadero y aquellas minorías deberían acatar de conformidad con lo que dicta la voluntad colectiva.

Por su parte el Abate Sieyès afirmó que la soberanía está radicada en la nación y no en el pueblo, proponiendo con ello que la autoridad no obrara solamente tomando en cuenta el sentimiento mayoritario coyuntural de un pueblo, que podía ser objeto de influencias o pasiones desarticuladoras, sino que además tuviera en cuenta el legado histórico y cultural de esa nación, los valores y principios bajo los cuales se había fundado.

Además el concepto de nación contempla a todos los habitantes de un territorio, sin exclusiones ni discriminaciones. Sieyès indica que los parlamentarios son representantes y no mandatarios, puesto que éstos gozan de autonomía propia una vez que ya han sido electos y ejercen sus cargos mediando una cuota de responsabilidad y objetividad al momento de legislar, en cambio los mandatarios deben realizar lo que su mandante les indica, en este caso, el pueblo.

Después de la Segunda Guerra Mundial el concepto de soberanía popular ha retomado fuerza porque es visto como más cercano al pueblo, el cual, se asume, tiene un grado de cultura cívica y moderación mucho más alto que en el tiempo de la “Revolución Francesa”. Tradicionalmente se ha considerado que son tres los elementos de la soberanía: Territorio, pueblo y poder. Por otro lado, en el Derecho Internacional, la soberanía es un concepto clave, referido al derecho de un Estado para ejercer sus poderes a plenitud.

De acuerdo con el artículo 39 de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo y, por lo menos de acuerdo con la constitución, “todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste.”

Hoy como hace muchas décadas no se daba, hay poderes extranjeros que desde un discurso lleno de odio e ignorancia amenazan con menoscabar nuestra soberanía e ir en contra de nuestro pueblo, es hora que ciudadanos y gobierno hagamos valer que MÉXICO ES UNA NACIÓN SOBERANA que defiende a sus hijos y respeta los derechos humanos de extranjeros. ¿Y usted, cómo ve?

Francisco Velasco Zapata

 

CONSEJOS DE 1821 Y 1822 PARA LAS RELACIONES DE MÉXICO CON LOS ESTADOS UNIDOS

En los últimos días los problemas en las relaciones de México con los Estados Unidos han logrado despertar en los mexicanos un sentido patriótico y de unidad que no se había visto desde hace mucho tiempo. Sin embargo, como a todos se nos ha enseñado, nuestros problemas con el vecino del norte no son nada nuevo, incluso comenzaron mucho tiempo antes que México fuera un país libre y soberano. ¿Pero cómo afrontar estos problemas, cuál debe ser la estrategia, la táctica y operación de la defensa de nuestros intereses?

Hoy justamente se celebran 186 años de la muerte de Don Juan Francisco Azcárate, el primer servidor público mexicano que analizó e hizo propuestas para defender la integridad nacional, los derechos de los mexicanos y el cómo realizar una política exterior digna y efectiva. Es impresionante que las propuestas realizadas hace 195 años (1821 y 1822) por Don Juan Francisco Azcárate pareciera que son un resumen de las que leemos hoy de funcionarios y analistas.

A continuación anoto algunos datos biográficos de Don Juan Francisco Azcárate y los cinco puntos, que a mi consideración son más relevantes hoy, a los que agrego algunas notas de la época que explican y apoyan su visión.

Don Juan Francisco Azcárate, dedicado y notable servidor púbico de la naciente Nación

Oriundo de la Ciudad de México, Juan Francisco Azcárate fue un destacado abogado y vicepresidente de la Academia de Jurisprudencia. En 1803 formó parte del Ayuntamiento de México, primero siendo regidor y después síndico, en 1808 fue designado Regidor honorario. En julio del mismo año, al llegar la noticia de la invasión napoleónica a España, del motín de Aranjuez y la renuncia de los reyes al trono, Azcárate fue encargado de hacer una representación al Virrey en nombre del Ayuntamiento, en la que expuso la nulidad de los actos del nuevo gobierno, por lo que no se le debía reconocer, manifestó lealtad a Fernando VII y alegó que la soberanía residía en el pueblo. En suma, presentó un plan autonomista criollo que significaba la independencia de México en los hechos.

El Virrey realizó varias reuniones, pero la propuesta de Azcárate derivó en un conflicto entre el Ayuntamiento y la Audiencia que concluyó con la destitución del Virrey por la Audiencia y su prisión junto con Primo de Verdad y Azcárate el 15 de septiembre de 1808. Azcárate recobró su libertad en 1811 por un indulto. Entonces regresó a la cátedra y se reintegró a la política en 1814 que fue nombrado regidor del Ayuntamiento capitalino y después se integró como fiscal de la Audiencia.

En 1821, gracias al aprecio que le profesaba Agustín de Iturbide fue uno de los integrantes de la Suprema Junta Provisional Gubernativa, firmante de la Acta de Independencia y en el gobierno de Iturbide fue ministro plenipotenciario para Inglaterra y consejero honorario de Estado. En febrero de 1822, Iturbide le encomendó hablar con Joel R. Poinsett, agente norteamericano y primer embajador en México, quien le planteó la venta de Texas, Nuevo México, Alta California, Coahuila, Nuevo León, Sonora y Baja California a los Estados Unidos. En 1827 fue miembro de la Junta de Instrucción Pública y ministro letrado del Supremo Tribunal de Guerra y Marina.

Consejos al Gobierno Mexicano (29 de diciembre 1821 y 1822)

  1. El principal propósito de las relaciones con los Estados Unidos debe ser contener su expansionismo, cuya fuente y motivación son la esclavitud y el racismo. No hay nada de admirable en el rápido desarrollo del vecino angloamericano, pues su único objeto es el botín. En 1804 el expresidente John Adams expresó que «[…] la gente de Kentucky está llena de ansias de empresa y aunque no es pobre, siente la misma avidez de saqueo que dominó a los romanos en sus mejores tiempos. México centellea ante nuestros ojos. Lo único que esperamos es ser dueños del mundo».
  2. Es necesario promover el comercio y mercado interior, mediante el desarrollo de puertos a lo largo de ríos como el Grande del Norte (Bravo) y Yaqui, en las provincias del Golfo de México, en ambas Californias, estableciendo astilleros de barcos de vapor en los puertos de Natividad, Acapulco, Monterrey (California) y Veracruz.
  3. Hay que buscar alianzas de comercio y amistad con las naciones de indios en el norte y abandonar los intentos de conquistarlos. Asociarse comercialmente y para la defensa con los otros países hispanoamericanos, y así mantener nuestra influencia en el Caribe y Sudamérica. Establecer relaciones con países Asiáticos, incorporar las Filipinas e islas Marianas al Imperio Mexicano, construir astilleros y una gran flota en las Filipinas. México debe exportar su plata al mercado asiático y ser el puente de comercio de Asia (China y la India) con Europa, para cerrar el paso en el Pacifico a los Estados Unidos. España tiene la primacía en cuanto amistad, comercio e inmigración porque el Imperio Mexicano le debe el idioma, la religión y la educación.
  4. En materia territorial. Demorar la firma del Tratado de Onís (entre EU y España) que hacia legal la perdida de la tercera parte del territorio de México (de 1810 a 1819), ya que en ese momento no tenía capacidad legal del Rey de España para firmarlo. Pero reconoce la enorme necesidad de firmar un tratado de límites con Estados Unidos para frenar la voracidad del “Lobo americano.”
  5. En materia de colonización, para detener a las dos naciones que Alexis de Tocqueville mencionaba destinadas a repartirse el mundo, Azcárate proponía para frenar a Rusia (con quien el Imperio Mexicano hacia frontera en el Pacifico norte) y a los Estados Unidos, colonizar las Californias y las provincias del interior con filipinos, chinos y mexicanos pobres.

Don Juan Francisco Azcárate falleció el 31 de enero de 1831 y la historia nos ha enseñado lo que pasó al no seguir ninguna de sus recomendaciones: México perdió más de la mitad de su territorio; más de medio millón de mexicanos fueron abandonados y tendrían que ser súbditos de un régimen esclavista y racista que los haría extranjeros en su propia tierra, sin esperanza de que fueran respetados su libertad, creencias, propiedades e incluso su vida; los estadounidenses harían el más grande genocidio en América matando a los indígenas o confinándolos a reservas; los países hispanoamericanos tendrían que ajustar sus políticas y régimen al mandato de los Estados Unidos o vivirían una invasión; se cumpliría lo escrito por Alexis de Tocqueville, rusos y norteamericanos se repartirían el Mundo; y la nota de Bolivar “Estados Unidos está destinado por la divina providencia para llenar al mundo de calamidades en nombre de la libertad.”

Hoy la situación es totalmente diferente, pero acaso no deberíamos de leer y poner en práctica los consejos de Don Juan Francisco Azcárate, para salvar a México y al Mundo.

 

¿POR QUÉ LAS NUEVAS DESIGNACIONES DEL GABINETE DEL PRESIDENTE PEÑA?

Si bien en la ciencia política no tenemos aparatos para ver que piensa el hombre que detenta el poder para explicarnos el ¿Por qué las nuevas deignaciones del Gabinete del Presidente Peña? Si contamos con estudios que nos pueden ayudar a entender sus últimos cambios, haciendo el símil con el futbol, por qué volver a meter al campo a un jugador que ya estaba en las regaderas, como es el caso del hoy, de nuevo Secretario, Videgaray.

Los Gabinetes Presidenciales han sido motivo de estudio y del escrutinio público de la sociedad, desde la consumación de la independencia de nuestro país y, aunque no se encuentran bajo el amparo de una Ley que cobije a los mismos, han tenido un papel importante en la historia de nuestra patria. Por recordar algunos, podemos pensar en los integrantes del Gabinete errante de Benito Juárez; el de Porfirio Díaz, integrado en su etapa final por el grupo conocido como los científicos; el gabinete demócrata y de traidores de Francisco I. Madero; el gabinete en que dejaba plenas confianzas Adolfo López Mateos; el modernizador de Carlos Salinas de Gortari; y hasta el gabinetazo de Vicente Fox, sólo por mencionar algunos.

Grandes politólogos han estudiado el grupo cercano a los hombres del poder, podemos citar a Saint-Simon, quien, a la vez, motiva los análisis de Wilfredo Pareto, Robert Michels, Gaetano Mosca, Wright Mills, Robert Dahl, Joseph Nye, Guy Peters, de las clases y grupos políticamente dominantes, y quienes han estudiado el fenómeno en México como Stanley Roos, Daniel Cosío Villegas, Frank Brandenburg, Raymond Vernon, Pablo González Casanova, Peter Smith, Jorge Carpizo, Miguel Basáñez.

Los Gabinetes en México

Manuel Quijano en Los Gabinetes en México 1821-2012 desentraña desde el estudio de la historia y la razón el porqué de los gabinetes, sus áreas formales y tipología, los motivos de la designación de sus integrantes. A la par, da cuenta de la evolución del número y composición de los gabinetes en los diferentes periodos históricos de México y realiza una reseña curricular de quienes formaron parte de los mismos.

Este estudio conlleva a los grupos de mayor relevancia política y social dentro del Sistema Político Mexicano, quienes constituyen el componente humano que nutre las instituciones del Poder Ejecutivo, y se convierte en elemento clave para facilitar las tareas estratégicas de gobierno.

Si bien en nuestro país este no es el primer estudio sobre los Gabinetes Presidenciales, esta investigación ha sido realizada con un sentido científico social por parte del autor, orientada al análisis del fenómeno de las élites de poder –económico, político y social– y su influencia e intervención en el actuar gubernamental. Hoy Los Gabinetes en México 1812-2012 de Manuel Quijano es una Lectura Imprescindible.

 

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