BATALLÓN DE SAN PATRICIO «La muerte honra cuando la vida se entrega por una causa justa»

Los miembros del Batallón de San Patricio se enlistaron en el ejército mexicano fieles a sus ideales de libertad y al considerar injusta la guerra de expansión de los Estados Unidos contra México -muy similar a la que los irlandeses sostenían contra los ingleses-. Se integraron a México doscientos sesenta de ellos en un primer momento y después de la caída de Matamoros, se incorporaron cuarenta irlandeses y cuatro esclavos negros más.

John O’Reilly, teniente de artillería, junto con otros irlandeses desertaron al ejército de los Estados Unidos en marzo de 1846, días antes de que se iniciara la agresión contra México. O’Reilly, nació en Irlanda en 1795, muy joven se involucró con rebeldes que luchaban contra los ingleses; luego, perseguido, se embarcó al Canadá y de ahí pasó a Estados Unidos. O´Reilly fue el comandante del Batallón de San Patricio, que también incluía alemanes y poloneses, quienes con heroísmo lucharon en las más importantes batallas de la guerra, como la de Monterrey y La Angostura, primero como artilleros y después en la infantería.

En las batallas, los San Patricio combatían bajo una bandera blanca y verde que llevaba por un lado una imagen de San Patricio, santo patrono de Irlanda y por el otro un escudo con un arpa dorada con las palabras Erin Go Bragh (Irlanda por siempre) y la torre de Sharmock. Por el color de su piel y de sus cabellos el pueblo les llamó «los colorados». La mayoría murió en combate.

O’Reilly señaló como causas de su deserción los abusos y discriminaciones de que eran objeto los irlandeses y el pillaje, saqueo y asesinatos que se cometían contra los mexicanos en una guerra injusta. Otro de los dirigentes del batallón, Barry Fitzgerald, durante el Consejo de Guerra que le levantaron los estadounidenses señaló: “Los soldados de San Patricio no esperamos clemencia por parte de ustedes. La muerte honra cuando la vida se entrega por una causa justa. Quiero aclarar a la defensa que no fuimos seducidos como se trata de hacer creer. A una mujer se le seduce […] a un hombre se le convence. El Batallan de San Patricio está formado por patriotas de Irlanda, por hombres que hemos sentido en nuestra tierra, en nuestra carne, el brutal atropello y el descarado despojo del que abusa de su fuerza. Fuimos engañados, sí, pero por el ejército norteamericano que nos alistó en sus filas asegurándonos que los Estados Unidos eran víctimas de una agresión por parte de los bárbaros. Ese fue el engaño […] porque el pueblo llamado bárbaro era débil y no atacaba, sino que era agredido. Incendiaba sus pueblos, destruía sus hogares y salía con sus mujeres y sus hijos a luchar por los caminos antes que rendirse o entregarse […] ese valor fue el que nos sedujo a los irlandeses, el que nos recordó que nuestro pueblo era víctima también del sátrapa y del malvado inglés. Su fervor, su fe católica nos unía a ellos en esta infame conquista que será un estigma para los Estados Unidos.

MI LUCHA NO ES PARA QUE CREAS EN MÍ Y EN MIS SUEÑOS, SINO PARA QUE CREAS EN TI Y EN TUS SUEÑOS Y LUCHES POR ELLOS

Apostol de la democracia
Maquio Clouthier

El 13 de junio de 1934 en Culiacán Sinaloa nació el líder político y empresarial Manuel de Jesús Clouthier del Rincón también conocido como Maquío. Miembro y candidato del Partido Acción Nacional a la Presidencia de la República en 1988, fue uno de los líderes políticos que más influyeron para los cambios democráticos que se dieron en México en las últimas décadas del siglo XX.

Es recordado por su personalidad y pensamiento claro y sencillo sobre el camino político, social y económico que debería de tomar el país: “El México que queremos es solidario, lo cual implica que, en lugar de lucha de clases, debe prevalecer la lucha contra la injusticia. Solidaridad, fincada en el diálogo permanente de todos los sectores y grupos entre sí y con el gobierno para formar una mística de trabajo y honradez; de justicia y equidad en las oportunidades. Solidaridad entendida como nuestra capacidad de conjuntar voluntades porque somos un pueblo maduro y respetable. Solidaridad que nos lleve a nacionalizar la política y hacer que todo mundo participe en ella, porque ésta es la actividad gestora del bien común y todos tenemos la obligación de procurarlo.”

«Mi lucha no es para que creas en mí y en mis sueños, sino para que creas en ti y en tus sueños y luches por ellos. Cuando hayas aprendido esto, habrá terminado la misión de Maquío».

Clouthier actuó como el coordinador del gabinete alterno hasta que falleció, junto con el diputado y dirigente panista Javier Calvo Manrique, el 1º de octubre de 1989, en un accidente automovilístico en el kilómetro 158+100 de la carretera México-Nogales, en el municipio de Culiacán, cuando ambos se dirigían al cierre de campaña de Humberto Rice, candidato panista a presidente municipal de Mazatlán. Para algunos no se trató de un accidente, inclusive corrió el rumor de que unos campesinos vieron cómo un helicóptero los embistió y al tratar el diputado Calvo de esquivarlo, chocaron con un camión y murieron instantáneamente. Es curioso que en la documentación oficial existan incongruencias respecto a la hora del accidente, si fue pasadas las nueve o a las diez y media de esa mañana, según las distintas declaraciones registradas.

Al entierro en Culiacán asistieron miles de personas, sus más allegados, entre ellos: Dionisio Garza Sada, Mauricio Fernández Garza, Concepción Guadalupe Garza, Ingrid Fiehn, Fernando Canales, Raúl Monter, Alberto Fernández Ruiloba, Javier Livas y Rafael Rangel Sostmann; así como los políticos Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas, Luís H. Álvarez, Elías Villegas, Vicente Fox y el secretario de Gobernación Fernando Gutiérrez Barrios, entre los más destacados.

Federico Arreola escribió (El Norte): ”tu muerte va a servir bastante, porque está resultando una lección de civismo: tú, que no tenías necesidad; tú, que resolviste a tiempo tu problema económico, que decidiste hacer política en el único bando en que la política honra: la oposición, que no buscabas el poder, sino la democracia, que no tenías más interés que el aportar algo a la comunidad.”

5 DE MAYO 1862, ZARAGOZA: «…SOLDADOS: LEO EN VUESTRA FRENTE LA VICTORIA…»

5 de Mayo de 1862
A las cuatro de la mañana, Zaragoza lanza una proclama a sus soldados: “Hoy vais a pelear por un objeto sagrado: vais a pelear por la Patria… Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo; pero vosotros sois los primeros hijos de México y os quieren arrebatar vuestra Patria. Soldados: leo en vuestra frente la victoria”… E inicia la colocación de sus tropas: Hace guarnecer la plaza con 800 hombres, una batería de batalla y dos de montaña; los cerros de Guadalupe y Loreto con 1100 hombres y dos baterías; y forma el resto de 3 550 hombres en cuatro columnas con una batería de batalla, tres de infantería y una de caballería. Espera librar “una acción campal” al oriente de la población, atrayendo al enemigo al punto escogido por medio de un Cuerpo de infantería dotado con dos piezas de campaña.

El ejército mexicano había llegado a Puebla el 3 de mayo, aunque Zaragoza consideraba que el combate sería hasta el día 6 de mayo. Narra Porfirio Díaz que en la noche del día 4 y teniendo noticia del inminente ataque, Zaragoza había reunido a sus oficiales y les había dicho que «era muy vergonzoso que un pequeñísimo Cuerpo de tropas, que para la Nación podría tener la importancia de una patrulla, llegara a la Capital de la República sin encontrar la resistencia…que si no llegábamos a alcanzar una victoria, cosa muy difícil, aspiración poco lógica, supuesta nuestra desventaja en armamento y casi en todo género de condiciones militares, a lo menos procuráramos causarle algunos estragos al enemigo,…así el Gobierno y la Nación contarían con el tiempo necesario para preparar la defensa del país; pues que teniendo el enemigo muchas bajas y mucho consumo y deterioro en sus materiales, se vería obligado a estacionarse en Puebla”.

Describe Paco Ignacio Taibo II (Los libres no reconocen rivales) la composición de los dos ejércitos enfrentados: Los mejores soldados del mundo son profesionales de la guerra y disponen de fusiles y artillería muy superiores en alcance y capacidad a los que tiene el enemigo que intentan vencer. Toda la oficialidad es francesa y entre la tropa hay argelinos, egipcios y antillanos, muchos de ellos con experiencia en combates en las guerras de Crimea e Italia. El ejército mexicano, nacido de la revolución de Ayutla y de la guerra de Reforma, tiene como características su organización en ejércitos regionales dependientes de los gobernadores, su origen popular y su formación ideológica, que hace que existan más oficiales en proporción a la tropa, casi la mitad de la cual ha sido recientemente reclutada. Además de las dificultades derivadas de no ser profesional, carece de armamento (muchos con sólo lanzas y machetes; otros con viejos fusiles de chispa y percusión) y suministros adecuados. Tampoco cuenta con la solidaridad y el apoyo económico de la ciudad de Puebla, pocos voluntarios son poblanos.

A las 9 horas 30 minutos se tiene a la vista la vanguardia del ejército francés. A las 10 horas 45 minutos el enemigo está acampado a tres cuartos de la Garita de la ciudad. A las 12 del día se rompe el fuego de cañón por ambas partes. El enemigo arroja multitud de granadas; esquiva el combate a campo raso y concentra su ataque de 4 000 hombres de las tres armas sobre el cerro de Guadalupe, por el oriente a derecha e izquierda. Zaragoza refuerza la defensa. Los zuavos avanzan protegidos por su fuego de artillería y en algunos momentos se combate a bayoneta; sus asaltos son rechazados tres veces y gran parte de invasores mueren en los fosos de las trincheras de Guadalupe. A las dos horas y media de la tarde, los franceses comienzan a dispersarse, en tanto que la caballería mexicana trata de cortarles el paso mientras cae un fuerte aguacero. Simultáneamente, los zuavos son desalojados de los puntos que ocupan cerca de la garita de Amozoc. Ya en retirada, los franceses forman frente al Cerro una fuerza de tiro en batalla fuerte de 4 000 hombres y pico, pero Zaragoza no los bate porque carece de fuerza suficiente para ello. A las cuatro de la tarde los zuavos comienzan su retirada hacia la hacienda de Los Álamos, toda su fuerza la llevan a la retaguardia de sus trenes. A las 5 y 49 minutos de la tarde, Zaragoza informa al Ministro de la Guerra: “Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria; Sírvase usted dar cuenta de este parte al ciudadano Presidente”.

LA BANDERA MEXICANA

La festividad del Día de la Bandera Mexicana data de 1937 cuando el General Lázaro Cárdenas la instituyó en conmemoración de la primera jura de la Bandera el 24 de febrero de 1821, cuando Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide (ambos fusilados por los propios mexicanos) proclamaron el «Plan de Iguala» por el que declararon la Independencia de la Nueva España e instituyeron la Bandera Trigarante como el pendón del nuevo país llamado México.

La actual bandera mexicana tiene su origen en esa Bandera Trigarante elaborada conforme al Plan de Iguala, donde las ideas de religión, independencia y unión fueron representadas por los colores blanco, verde y rojo, colocados en franjas diagonales y con una estrella al centro de cada una de ellas. En noviembre de 1821, fue dispuesto por un decreto que la bandera fuera tricolor: verde, blanco y encarnado, con franjas verticales y figurando en el centro la efigie de un águila coronada. Al paso del tiempo, fue conservada la dirección de las franjas, aunque el águila ha cambiado.

En estricto sentido, fue hasta 1983 cuando fue reglamentado el uso de los símbolos patrios y en el decreto publicado el 7 de febrero de 1984, que señala: “La bandera consiste en un rectángulo dividido en tres franjas, verde, blanca y roja, donde en la central contendrá el escudo nacional, con diámetro de tres cuartas partes del ancho de dicha franja, siendo la proporción entre anchura y longitud de la bandera, de cuatro a siete.”

La bandera es izada a toda asta para conmemorar fechas importantes de acontecimientos históricos en la vida nacional y a media asta, en las conmemoraciones luctuosas. En todas las escuelas de los niveles obligatorios, se rinden honores a la bandera todos los lunes, además de las fechas en las que se realiza alguna ceremonia cívica, particularmente el 24 de febrero.

La bandera debe estar a toda asta en las siguientes fechas y conmemoraciones: 21 de enero, natalicio de Ignacio Allende; 5 de febrero, promulgación de las Constituciones de 1857 y 1917; 19 de febrero, Día del Ejército Mexicano; 24 de febrero, Día de la Bandera; 1° de marzo, proclamación del Plan de Ayutla; 15 de marzo, apertura del segundo periodo de sesiones del Congreso de la Unión; 18 de marzo, Expropiación Petrolera; 21 de marzo, natalicio de Benito Juárez; 26 de marzo, promulgación del Plan de Guadalupe; 2 de abril, toma de Puebla en 1867; 1° de mayo, Día del Trabajo; 15 de mayo, Toma de Querétaro por las Fuerzas de la República en 1867; 5 de mayo, victoria sobre el ejército francés en Puebla en 1862; 8 de mayo, natalicio de Miguel Hidalgo y Costilla; 1° de junio, Día de la Marina Nacional; 21 de junio, victoria de las armas nacionales sobre el Imperio al recuperar la capital en 1867; 1° de septiembre, apertura de Sesiones del Congreso de la Unión; 14 de septiembre, Incorporación del Estado de Chiapas, al Pacto Federal; 15 de septiembre, conmemoración del Grito de Independencia; 16 de septiembre, aniversario del inicio de la guerra de Independencia; 27 de septiembre, aniversario de la Consumación de la Independencia; 30 de septiembre, aniversario del nacimiento de Morelos; 12 de octubre, Día de la Raza y aniversario del descubrimiento de América; 23 de octubre, Día Nacional de la Aviación. 24 de octubre, Día de las Naciones Unidas; 30 de octubre, natalicio de Francisco I. Madero; 6 de noviembre, Promulgación del Acta de la Independencia Nacional por el Congreso de Chilpancingo en 1813; 20 de noviembre, inicio de la Revolución Mexicana; 23 de noviembre, Día de la Armada; 29 de diciembre, natalicio de Venustiano Carranza; y diciembre, día en que se clausure el primer periodo de sesiones del Congreso de la Unión.

A media asta en las siguientes fechas y conmemoraciones: 14 de febrero, muerte de Vicente Guerrero; 22 de febrero, muerte de Francisco I. Madero; 28 de febrero, muerte de Cuauhtémoc; 10 de abril, muerte de Emiliano Zapata en 1919; 21 de abril, Aniversario de la gesta heroica de la Defensa de Veracruz; 2 de mayo, Conmemoración de la muerte de los pilotos de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, Escuadrón 201; 21 de mayo, muerte de Venustiano Carranza; 17 de julio, muerte de Álvaro Obregón; 18 de julio, muerte de Benito Juárez; 30 de julio, muerte de Miguel Hidalgo y Costilla; 13 de septiembre, aniversario del sacrificio de los Niños Héroes de Chapultepec; 7 de octubre, muerte de Belisario Domínguez; 22 de diciembre, muerte de Morelos.

LA OFENSA MÁS GRANDE CONTRA LOS MEXICANOS

En la Basílica de Guadalupe a las 18:00 hrs., del 2 de febrero de 1848, bajo los ojos de la Patrona de los Mexicanos, testigo designado por el ejército estadounidense para presenciar la vergüenza de la derrota e inferioridad de su pueblo, se firmó el “Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre la República Mexicana y los Estados Unidos de América” llamado popularmente Guadalupe-Hidalgo.

Con este tratado México perdió Texas, el territorio entre los ríos Nueces y Bravo, Nuevo México y Alta California (hoy Texas, California, Nuevo México, Nevada, Arizona, Utah, Colorado y parte de Wyoming, Kansas y Oklahoma). Así, quedó reducido el territorio de México a menos de la mitad del que tenía al momento de la consumación de su independencia en 1821 y de una tercera parte del que poseía al iniciar el siglo en 1800.

Los mexicanos que quedaron del otro lado de la nueva frontera, vivieron en adelante como una minoría marginada social y culturalmente, bajo el dominio autoritario y discriminatorio de una mayoría protestante y racista. Serían objeto de hostilidad, vejaciones, abusos y despojos de sus bienes y tierras sin posibilidad real de defensa. Peor suerte tuvieron los hermanos indígenas, cuyo genocidio fue inhumanamente sistemático mediante la guerra o la extinción de sus fuentes alimenticias, como los bisontes que de casi cien millones solamente quedaban 750 en 1890; los pocos indígenas sobrevivientes serán presos en inhóspitos terrenos llamados reservas. Valentín Gómez Farías escribiría a sus hijos: “La venta infame de nuestros hermanos está ya consumada, Nuestro Gobierno, nuestros representantes, nos han cubierto de oprobio y de ignominia.”

La ofensa más grande contra los mexicanos y el trato indigno que les dio el ejército invasor, solamente pudo ser posible ante una desastrosa y en muchos lugares inexistente defensa. Durante la guerra contra los estadounidenses tuvimos siete presidentes, uno de ellos, Paredes, fue encarcelado; seis generales dirigieron el ejército; se cambió la Constitución y la forma de gobierno en plena guerra; estallaron varias revoluciones; sólo 7 de los 19 estados mexicanos contribuyeron con soldados, armamento y dinero a la guerra; y en muchas ciudades, como Puebla, no solamente no hubo defensa, sino que se hostigo al ejército mexicano y se recibió al invasor con flores y vítores.

Aun ante la catastrófica defensa, según señala Brian Hamnett en Historia de México: “Las tres fuerzas de invasión estadounidenses experimentaron considerables bajas… Los Estados Unidos pusieron en el campo 104,556 hombres entre regulares y voluntarios, pero 13,768 murieron… lo que representa la más alta tasa de mortandad de las guerras combatidas por los Estados Unidos en su historia.” Además miles de soldados invasores desertaron o se pasaron a luchar al lado mexicano, hecho solamente explicable por los malos tratos de los oficiales estadounidenses a sus reclutas católicos, quienes al ver las abominaciones del ejército norteamericano contra niños, mujeres, monjas, conventos e iglesias se identificaron con los mexicanos.

Ingenuos y traidores pregonaron la mentira de que había el riesgo de que todo México iba a ser anexado, cuando el mismo General Scott escribió en su diario: “Es necesario…salir de éste país, lo más pronto posible…porque es imposible una ocupación, simplemente no tenemos las fuerzas necesarias, ni capacidad para ocupar éste país.” De enfrentar los invasores una “extraña” y tibia defensa del ejército mexicano, durante la ocupación sufrieron grandes pérdidas por revueltas populares en California, Baja California, Nuevo México y centro del país, y por las guerrillas del Cura Católico Celedonio Domeco Jarauta, Joaquín Rea y los rayados de Veracruz, por citar algunas.

La guerra además de las ganancias económicas incalculables que le produjo a los Estados Unidos, lo hizo una potencia mundial, con un vasto y fértil territorio rico en oro, plata y petróleo; probó la eficacia de su ejército profesional y bien armado, capaz de ganar guerras en el extranjero mediante nuevas estrategias y tácticas como las operaciones combinadas mar-tierra, que utilizará exitosamente en sus siguientes guerras de expansión; y confió en continuar su fe ideológica de su “destino manifiesto” para luego hacerse de Alaska, Hawaii y Filipinas.

Pero también produjo, según algunos pensadores norteamericanos como William Jay: una gran concentración de poder en el ejecutivo y su ejercicio arbitrario, inconstitucional y antidemocrático. «… durante una guerra el Presidente de los Estados Unidos queda relevado de toda restricción constitucional cuando actúe fuera de los límites del país …así la guerra, puede resultar en lo futuro un aliciente irresistible para que ese funcionario hunda al país en la guerra y posponga el retorno de la paz.” Los Estados Unidos se convertirán en la mayor nación militarista de la historia y combatirán muchas guerras tan injustas e inmorales como la mexicana, iniciadas por su presidente y toleradas por sus ciudadanos. De los 45 presidentes de los Estados Unidos solamente dos han cumplido su gobierno en paz. Buscar un enemigo es para ellos una necesidad.

La guerra fue una terrible desilusión para los mexicanos que habían considerado a los Estados Unidos como ejemplo y guía de sistema político republicano; de quien solo se esperaba amistad y ayuda por compartir su ideología, del país de las libertades, únicamente se pudo ver un rostro racista, militarista e imperialista. Sin embargo, México también encontró en Estados Unidos amigos como Abraham Lincoln, quien se opuso con ahínco a la guerra y al despojo.

Hoy, 2 de febrero del 2017, cuando las noticias que genera un nuevo presidente en los Estados Unidos llena de nerviosismo e inseguridad nuestro ambiente, es hora de recordar, que un México unido es tan fuerte y poderoso, que nunca se nos podrá obligar a firmar un tratado en nuestro perjuicio y menos serán testigos de una tibia defensa nuestros padres, hijos y lo más sagrado para nosotros.